Tras ser considerada contacto estrecho de un caso positivo de coronavirus en Bolívar, Daniela (30) relató su experiencia personal respecto al estudio que le fue realizado y las implicancias que eso tuvo en su vida social. Esta carta, que eligió compartir a través de PRESENTE, busca generar conciencia y empatía en un contexto sensible.

Queridos vecinos:

Después de pensarlo bastante, decidí escribir esta carta para contarles lo que se vive en carne propia desde que te llaman por teléfono para decirte que sos “contacto estrecho” de un caso confirmado hasta la espera del resultado del hisopado. Como estamos en una ciudad pequeña, donde de una forma u otra nos enteramos quiénes son las personas hisopadas y las que dan positivo o negativo; decido hacerlo público.

Cuando recibí la llamada del doctor Flores, diciéndome que había estado en contacto con una persona que dio positivo, me asusté. Pensé en las personas con las que estuve en los últimos 15 días, en los lugares a los que fui, en el estado físico de mi cuerpo y el momento en que vi a esa persona por última vez. Me comunicaron que al día siguiente me iban a pasar a buscar para hacerme el hisopado, por lo que decidí contarles a mis vecinos más cercanos para que no se asustaran ni especularan por lo que estaba sucediendo. Y, obviamente, a la gente con la que tuve contacto.

Desde aquel momento a la llegada del resultado, pase momentos horribles, de estigma social. La ambulancia me paso a buscar a la mañana, se bajó el chofer con la vestimenta correspondiente por prevención, me abrió la puerta y nos dirigimos hacia el hospital. Pude observar que mis vecinos miraban la situación con cara de terror. Me hisoparon y me volvieron a mandar a mi casa a esperar el resultado que estuvo 48 horas después. Allí comenzó el verdadero calvario: me sentía horrible, súper asustada más allá de que no tenía síntomas, y comenzaron a llegar mensajes. Algunos de mis amigues solidarizándose, pero la gran mayoría eran mensajes y llamadas preguntando si tenía COVID-19, por dónde anduve, si me junté con alguien, si tenía síntomas, si me había lavado las manos, si había ido a tal negocio, si “me había portado bien”, si usaba barbijo, si me ponía alcohol en gel siempre, etc.

“Pude observar que mis vecinos miraban la situación con cara de terror”

Desde el principio decidí que no iba a ocultar lo del hisopado y menos si hubiese llegado a ser positivo, por respeto y cuidado hacia los demás. De hecho, hice una lista de las personas a las que vi y los lugares que visité. Me daba un poco de tranquilidad no haber tenido contacto con mucha gente, quienes me conocen saben que solo veía a mis amigos más cercanos, a mi familia y a mis compañeros de trabajo.

Las llamadas y mensajes eran continuos. Yo quería tener la línea telefónica libre por si me llamaban de la municipalidad para decirme el resultado, pero fue imposible. Imagínenme sin dormir ni comer durante esos días por los nervios propios del asunto. Al día siguiente, sin tener resultados aún, una vecina decidió mandar a desinfectar la vereda. Imagínenme adentro, ahogándome con ese producto, sin poder salir a decirles que paren, que me estaba haciendo mal, que no me condenaran, que aún no tenía resultados y que así hubiera sido positivo no había tenido contacto con ellos, no abrí ni las ventanas.

Estuve llorando en la cama hasta que llegara el resultado. Sentí de cerca el estigma que sufren muchas personas, algunas por coronavirus y otras por diversos motivos que hacen que uno se crea con el poder de juzgar al otro, de discriminarlo. Intenté alejarme un poco de las redes sociales, pero fue inevitable no leer los comentarios de los vecinos  juzgando a quienes habían dado positivo, tratándolos de irresponsables, discriminándolos, diciendo que se estaba ocultando información.  Recibí mensajes de gente que hace 5 meses que no veo, preguntándome si era positivo y no lo estaba queriendo decir. Me llegaban cadenas de WhatsApp con información falsa sobre todos quienes pasamos por esto. Finalmente llegó el resultado:

Negativo… – dijo el doctor Flores con esa particular voz que da tranquilidad.

“Al día siguiente, sin tener resultados aún, una vecina decidió mandar a desinfectar la vereda

Pasada la odisea y el mal trago, decidí contar esto para que puedan leer y ponerse en el lugar del otro, que parece que tanto cuesta. Uno no quiere contagiarse ni contagiar al resto de los ciudadanos, uno no va por la vida deseándole el mal al resto. Tratamos de tener los cuidados necesarios, pero saliendo, porque uno tiene que trabajar para poder vivir. Quiero contarles, por si aún no lo pensaron, que Bolívar no va a ser la excepción a esta gran pandemia que afecta al mundo entero. Que por más controles que haya y los cuidados que podamos tener nos puede pasar, y probablemente va a seguir pasando cada vez más hasta que sea algo habitual o que se encuentre la vacuna.

No somos la excepción. Seguramente muchos de ustedes pasen por esta situación, por eso les pido que seamos solidarios, que podamos ponernos en el lugar del otro que la está pasando mal por esta pandemia desconocida y por el dedo acusador del vecino que tanto mal hace a uno y a los familiares. Les mando un abrazo.

Daniela.