Por Andrea Volpe*. La calle Almafuerte se halla atestada de silencios. Si, vivo en esa arteria, la que lleva el nombre del poeta que aseveró en uno de sus sonetos medicinales aquello de que “todos los incurables tienen cura, cinco segundos antes de la muerte”. Este 21 de marzo es el Día Internacional de la Poesía, entonces pienso qué raro este tiempo de pandemia mundial para celebrar la efeméride.

La Unesco lo estableció allá por el año ’98 para entender a la poesía como una manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de ideas a través de las palabras, de la creatividad, de los sentimientos, y por otra parte, con la intención de promover la enseñanza de la poesía, la realización de recitales literarios, el apoyo a las pequeñas editoriales, la difusión de la poética en todas sus formas, el acercamiento de la poesía a los vecinos; la idea en definitiva ha sido desde entonces no asociar a la poesía como una forma antigua de arte, sino como una vía de expresión que permita a las comunidades transmitir sus vivencias y reafirmar su identidad.

“Ante la arremetida de los medios de comunicación respecto de la pandemia, el terreno de la estética tiene necesidades que la poesía puede atender”

Andrea Volpe

Grande es la tarea que tenemos en nuestras manos los bibliotecarios y los amantes de la poesía, en tiempos en los que es más fácil acceder a otras expresiones artísticas a través de la televisión u otros dispositivos. Y más grande aún, si como sociedad nos encontramos en este estado de aislamiento al que nos ha llevado la pandemia del coronavirus.

¿Se puede escribir poesía sobre el horror, la tristeza, la desolación, la ansiedad, el ahogo, la soledad, la miseria, la idiotez? Sin dudas que si, son disparadores indiscutidos para que muchos vecinos que saben expresarse a través de la poesía se motiven a prender sus computadoras y comenzar a teclear.

El terreno de la estética en estos días, y ante la arremetida -a veces descarada y violenta- de los medios tradicionales de comunicación respecto de la pandemia, tiene necesidades que la poesía puede atender, si le reconocemos su papel comunicativo y su gran valor como instrumento para despertar conciencias. Manos a la obra.

La calle Almafuerte se halla atestada de silencios. La ciudad va acallándose de a poco entre el cuidado y el miedo. Será hora entonces de desempolvar las palabras.

*Bibliotecaria del CRUB – @totalvol

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