En la madrugada del 19 de septiembre de 1955, un grupo de funcionarios y militantes peronistas retiraron el busto de Eva Duarte de Perón —emplazado en la rambla de la avenida Belgrano frente al palacio municipal— para protegerlo del golpe de Estado que se había iniciado días atrás. Desde entonces y hasta 1973 lo mantuvieron escondido bajo tierra en un campo. Este hecho histórico fue narrado en el libro Eva. El busto, del sociólogo Miguel Ángel Gargiulo, a través del testimonio de sus protagonistas.

El busto fue inaugurado en 1953, en el primer aniversario de la muerte de Evita. De un total de 68 años, estuvo 25 fuera de su pedestal: 18 al resguardo de las persecuciones que desataron las sucesivas dictaduras desde 1955, y luego otros 7 por orden del gobierno de facto municipal que asumió en 1976. 

27/07/1952. Dolor por la muerte de Eva, avenida San Martín / Foto: gentileza Miguel Gargiulo

Septiembre de 1955

El 26 de julio de 1952 muere Eva y un año después se emplaza en Belgrano 11 un busto en su homenaje, en la rambla frente a la Municipalidad (hoy Centro Cívico). La Ordenanza 208 se había aprobado con la oposición del bloque radical. También se pone su nombre al Estadio y a la entonces calle Alvear, colocando una placa sobre la pared de la farmacia Fal.

En la inauguración habló el intendente Manuel “Manolo” Chatruc: “El pueblo de Bolívar (…) ha erigido este humilde pero sincero recuerdo, para que (…) las generaciones futuras puedan admirar (…) la belleza inmaculada de tu alma y los rasgos inconfundibles de tu personalidad, que no titubeó nunca ante nada ni nadie, en ofrecer su propia vida, buscando solamente el bienestar y la redención social de sus descamisados, de los trabajadores, de los ancianos, de las mujeres y sobre todo de (…) sus privilegiados niños”.

25/07/1953. Inauguración del busto, a cargo del intendente Manuel Chatruc / Foto: gentileza Miguel Gargiulo

La violencia desatada por el golpe cívico-militar que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón —entre el 16 y el 19 de septiembre de 1955— reverberó en forma de ataque a los símbolos peronistas. Como señala Gargiulo, el día 19 “un grupo de opositores salió en horda a recorrer emplazamientos de connotación peronista, con vistas a convertirlos en ruinas”. Y acto seguido se construyó un mito que perduraría por décadas: que un grupo de personas derribó el busto de Eva y lo arrastró con un caballo por la avenida San Martín. Pero la verdad es otra.

Cuando empezó el golpe de Estado, el día 16, el peronismo bolivarense se concentró en la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), cuyo secretario era Orfelio Andrade. Un sector de la policía aportó armas y se dispusieron a cuidar distintos objetivos. A Donato Genovese y Víctor Tello les tocó proteger el busto, al que ya le habían arrojado pintura. Lo cuidaron apostados desde una ventana de la CGT, en San Martín 668, durante “tres noches de tensión y de enorme compañerismo”. En la madrugada del 19 el intendente Chatruc acompañado de otras personas —entre ellos Rogelio Otero de Hale y Juan Taboada de la policía— retiraron el busto. Como se temía, más tarde un grupo de vecinos llegaría con pico y maza a romper el pedestal. 

Septiembre 1955. El busto de Eva vandalizado por opositores / Foto: gentileza Miguel Gargiulo

El día 24 el busto fue llevado en secreto al campo de Pablo Hernández e Isolina Lozano, ubicado en el paraje El Porvenir, cerca de la Escuela N° 5, a donde permaneció por varios años enterrado. “Fuera de mí, lo más importante que mis padres tenían eran Perón y Evita”, dice a la distancia Marta Ester Hernández. 

El después

Más adelante, por seguridad, Hernández trasladó el busto a otro campo cerca de Ibarra y en 1973 fue restituido en la rambla, tras la recuperación democrática. Luego de mínimas reparaciones a cargo de la docente de plástica Olga Gallo de Tello, el 17 de octubre se procedió a su recolocación; esta vez frente a la Escuela N° 1 ya que el espacio original había sido ocupado en 1966 por un monumento a Belgrano.

Pablo Hernández e Isolina Lozano, custodios del busto / Foto: gentileza Miguel Gargiulo

Durante los años de la última dictadura militar (1976-1983) el busto fue nuevamente retirado, ahora por las autoridades de facto, y guardado en un depósito. Recién sería devuelto al Partido Justicialista el 17 de octubre de 1983, en un acto donde Gladys Martín expresó: “Ante la soberbia de quienes usurpan el poder en el gobierno, y de quienes todavía nos llaman ‘la chusma’, respondemos con el pensamiento de Evita: estamos librando una batalla, la batalla de los pueblos”. 

En julio de 1984, a 32 años de la muerte de Eva, se efectuó la tercera y definitiva colocación. Peor destino correrían los otros recordatorios: la placa colgada en la intersección de Eva Perón y San Martín nunca apareció; la calle volvió a denominarse Alvear desde 1955 (lo que no impidió que en 2002 su primera cuadra fuera convertida en “Paseo de la solidaridad Marcelo Hugo Tinelli”); y el Estadio municipal recuperaría el nombre “Eva Perón” recién en 2012.

Historias locales

Al reconstruir estos hechos, Gargiulo amplifica una historia que muchos desconocíamos y derriba el mito que quizás todavía pervive en algún distraído. Además, avanza en un pendiente de la historiografía que es la reconstrucción de la historia a nivel local. El libro recupera trazos de los primeros gobiernos peronistas en Bolívar, a cargo de Nicolás Rueda (1946-1950) y Manuel Chatruc (1950-1955), quienes emprendieron una serie de obras valoradas por la población, a juzgar por los resultados electorales de 1951 y 1955: construcción de una estación de colectivos, extensión de la obra de agua corriente, fundación del Barrio Obrero, compra de terrenos para la ampliación del cementerio, entre otras. “Era la primera vez que desde un gobierno se acordaban de los trabajadores”, relata Genovese.

1955. Manuel Chatruc gana por segunda vez las elecciones municipales / Foto: gentileza Miguel Gargiulo

Menciona también la fundación del Partido Peronista Femenino en Bolívar, por parte de Pina Mazzuco de Calcaterra y Juana Reguero, y la primera unidad básica femenina que funcionaba en la avenida Alsina. Creado y conducido por Eva desde 1949, el PPF contó con 24 delegadas y 3.600 subdelegadas en todas las provincias. En 1951 las mujeres votaron por primera vez en Argentina.

Acto del Partido Peronista Femenino de Bolívar / Foto: gentileza Miguel Gargiulo

En esas elecciones, Chatruc ganó obteniendo en Bolívar más votos que el propio Perón. En 1955 fue reelecto, pero luego sería depuesto en septiembre y detenido durante 14 meses en la cárcel de Azul. La persecución política alcanzaría también a otros funcionarios, militantes y empleados municipales.

El odio

En su libro Eva y las mujeres. Historia de una irreverencia (2019), la historiadora Julia Rosemberg señala que la dictadura de 1955 “tuvo un especial ensañamiento político con todo lo relacionado con Eva. En los días inmediatos al golpe se destruyeron estatuas, fotos, insignias partidarias”, libros, folletos, archivos del PPF e instalaciones de la Fundación Eva Perón. También se publicaron libros y textos para difamar su figura. 

1955. Manifestantes apoyando el golpe de Estado, avenida San Martín / Foto: gentileza Miguel Gargiulo

Como si esto fuera poco, en noviembre de 1955 secuestraron de la sede central de la CGT el cuerpo embalsamado de Eva, lo mutilaron, le hicieron rayos X, lo ocultaron en distintos domicilios y con la colaboración de la Iglesia católica lo trasladaron a un cementerio de Milán, Italia, adonde estuvo enterrado clandestinamente durante casi 16 años.

A la luz de estos hechos, no fue exagerado el reflejo de aquel grupo de peronistas bolivarenses de resguardar el busto frente a posibles ataques de odio. En 1973 Pablo Fernández confesó a sus compañeros que la estatua siempre había estado a salvo, y les dijo: “Un día se hará una historia con esto”. Esa historia se escribió en el libro de Miguel Gargiulo, cuya lectura recomendamos con entusiasmo.

El libro de Miguel Gargiulo, publicado en 2019.

Ariel Lede

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